El Camino A Casa

No sé por dónde empezar,
ni en qué recodo perdí mis pasos.
Me extravié en mis propios pecados,
y ni siquiera recuerdo la caída.

Ya no pregunto por el culpable,
ni pretendo conocer la salida.
He aprendido que también se puede caminar
sin saber hacia dónde va la vida.

Algo, muy dentro de mí, susurra:
«encontraré el camino a casa».
Quizá me guíe el sol que nace en el este,
quizá la voz de un amigo en lengua antigua.
Quizá no exista más respuesta
que esta paz que, lentamente, me busca.

Porque mi casa no tiene puertas,
ni tejado, ni nombre, ni lugar.
Está donde el alma ya no huye,
donde todo se hace uno,
donde no hace falta preguntar.

No sé si al final me espera Dios,
el silencio, el perdón o la calma.
Solo sé que, mientras pueda dar un paso,
no habré perdido el alma.

Y aunque hoy no conozca el camino,
ni recuerde de dónde partí,
encontraré el camino a casa.

Quizá, después de todo,
volver a casa
no consista en desandar los pasos,
sino en aprender a caminar
sin seguir huyendo de sí mismo.

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Los Amores Muertos

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