Las Puertas Abiertas

Deja el equipaje ante la puerta.
La tarde huele a pan; alguien se ríe.
Quítale a los hombros esos días
que pasaron sin darte una caricia.
Sal. Que el aire te encuentre sin aviso.

El laurel se ha secado entre tus libros.
La herida aún pide sitio entre las mantas.
Déjalos descansar donde ocurrieron:
hay un calor reciente en la almohada
y tu cuerpo merece conocerlo.

Tú llevas una guerra en la cabeza.
Buscas sus ruinas y una causa,
algo que, al comprenderlo, te devuelva
el gobierno efímero del agua.
Afuera, una naranja se abre al sol.

Escucha: el tren acaba de llegar.
No pide ni boleto ni moneda.
Sus puertas se han abierto para todos.
Levántate. Sacúdete aquel polvo.
Sube mientras el aire aún mueve tu camisa:
el río estrecho y difícil ya pasó.
Ante tus ojos se abre el mar,
y tus labios tienen sed.

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La Última Orilla

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